Aunque sé que a nadie le interesa

Hace más de dos años que abrí el blog de poética imperfecta y sé que muchos se habrán preguntado para qué lo abrí si no publico todos los días ni siquiera una vez por mes. Y yo les contestaría que…

No tengo ni la menor idea.

El asunto es así: hallábame yo pasando por esas coyunturas existenciales medio shakespirianas, medio kantianas y medio chespiritianas (de Chespirito por si no se entiende), cuando comencé a preguntarme ¿por qué es que no he enviado nada de lo que escrito a ninguna parte? Y recordé que sí, que lo había hecho en varias oportunidades recibiendo respuestas del tipo: su texto no se alinea con nuestras directrices editoriales o nuestra línea editorial evita ese tipo de tópicos. Esos dos engloban básicamente los dos extremos de las respuestas que recibí, y desistí sin más olvidándome del asunto por unos cuantos años.

El tiempo pasó indetenible como es obvio y pasaron cosas mucho más complejas de explicar, lo que derivó en el olvido total y absoluto. Tal era mi apatía con respecto a la escritura que evitaba a toda costa redactar una mínima nota de recordatorio, algún mensaje de Facebook o correo electrónico, lo que sea; y es que no quería escribir nada de nada.

Pero los vicios son así, por más que uno se resista siempre termina por decaer.

Mucha agua pasó por debajo de ese puente derruido. Me ahorraré los detalles porque de verdad ¡A quién le importa!

Las historia termina —o comienza, no sé— cuando me encontré con un viejo amigo y no sentamos a conversar y tomarnos un café. Él comenzó a comentarme sobre su bolg y las ventajas que tenía. Yo le escuchaba con total y absoluta displicencia. Realmente me interesaba poco o nada en ese momento. Sin embargo dijo muchas cosas que, de alguna forma, me quedaron bamboleando en la cabeza.

Tiempo después —muchísimo tiempo después— sentado sin hacer absolutamente nada, rumiando la frustración de no estar haciendo las cosas que me gustan, comencé a saborearme la idea. Pasaron varios meses de reflexión y otro más de planificación y otros muchos más de indecisión. Así, sin más, un día me decidí.

Muchos meses más se acumularon preparando material, otros más eligiendo nombre, logo, temática y mil y una pendejada que no eran más que excusas para no publicar, porque al final del cuento, a lo que realmente le temía era a publicar.

Pero igual me lancé. Con dudas y temores abrí el blog. Comencé con mucho ímpetu, escribí varios artículos sobre poesía, sobre narrativa y al final no los publiqué, como ya lo habrán notado los que tienen más tiempo pasando por aquí. Y no lo hice por la cruel e injusta mala pata que me persigue cada vez que intento comenzar un proyecto.

En este caso, pocos meses después de que el blog estuvo en línea, los amigos de lo ajeno, que en este país abundan más que las reservas de petróleo, se robaron el cable central del servicio por lo que estuve más de un año (un año y cuatro meses para ser exactos) sin internet.

¿Increíble, verdad?

Así que por eso me desaparecí por tanto tiempo, y al volver ya no tenía ni idea de que escribir. Me parecía que todos los artículos que tenía eran anacrónicos y no tenía ningún sentido publicarlos. Luego me olvidé del blog por un tiempo y me dediqué a redactar para otros.

Por cierto aprovecharé que estamos por estas líneas para lanzar mi canto de marchante:

«Se redactan artículos para blogs: textos corporativos, artículos académicos o de cualquier temática. También se hacen correcciones de estilo y ortotipográficas, y si te interesa también damos asesoría en poética y narrativa; digo por si lo deseas. Nada más escribe al correo poética.imperfecta@gmail.com»

Fin del comunicado.

Retomando. El asunto concluye con que tenía el blog con algunos fieles seguidores que, amablemente y con mucha paciencia, se han conformado con las publicaciones esporádicas de algunos grandes clásicos —eso si no lo vamos a negar, son grandes clásicos, nada de falsa humildad— y no se han marchado corriendo a donde sea que quieran y eso lo agradezco con todo mi corazón.

Resumiendo porque esto se ve largo y parece no ir a ninguna parte.

Comencé a pensar que quizá el blog no necesitaba todos esos artículos sobre técnica y estilo o teoría aburridísima: que si yombos y troqueos y sinalefas; mejor nos ahorramos todo eso y les propongo algo mejor ¿qué tal si les cuento en los artículos algunas experiencias que he tenido a lo largo de mi vida con este asunto?

¿Qué tal si les cuento de las canciones que he escrito? Aunque la mayoría se han quedado en una carpeta; pero sí que se grabaron algunas, tarde, pero ya están por ahí.

El proceso fue genial, y las discusiones que surgieron mientras estuve con la banda no tienen pérdida, algunas muy divertidísimas.

Así que esa es mi propuesta. Mejor que volver esto una academia de poesía o una revista literaria, nos contamos anécdotas y lo volvemos mejor una conversación de salón; no lo sé, al final nunca sé nada. Lo dejaré a su consideración. Ustedes mandan y yo fielmente obedezco.

Si quieren que trate un tópico, por ejemplo la distribución isotópica que me encanta, o la semiótica ¡jum, jum! delicioso, ustedes lo sugieren y yo se los doy —bueno, eso se lee como raro… No se los doy, es decir… bueno, el tema, pues… lo escribo y lo explico y ya. Fin del asunto—.

Ustedes digan qué quieren que hablemos y lo hablamos.

Igual voy a dejarles un artículo por aquí de esos que me dejé en tintero.

No sé por qué, pero vamos a leerlo y quién sabe que surja de allí.

Saludos y abrazos. Hasta la próxima.

José J. Acevedo

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