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Desvanecido…

He comenzado desvanecerme como un espectro. Ya mis ojos han perdido la capacidad de mirarte eterna como antes, como ayer, como hoy en la mañana cuando serví nuestra última taza de café… Al llegar la tarde, no existiré: no seré recuerdo, no seré susurro; sólo seré la mentira que suspiraste, la impiedad del secreto; un …

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Suicidio

Dos disparos: uno a la cabeza, el otro al corazón; el hombre ha muerto. Dos besos: uno en la boca y el otro en la razón; el hombre ha muerto, enloquecido. Autor: José Joaquín Acevedo

Alba de mi silencio

En ti me he silenciado… El corazón del mundo está en tus ojos, que se vuelan mirándome.   No quiero levantarme de tu frente fecunda en donde acuesto el sueño de seguirme en tu alma.   Casi me siento niña de amor que llega hasta los pájaros. Me voy muriendo en mis años de angustia …

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Balada

Él pasó con otra; yo le vi pasar. Siempre dulce el viento y el camino en paz. ¡Y estos ojos míseros le vieron pasar!   Él va amando a otra por la tierra en flor. Ha abierto el espino; pasa una canción. ¡Y él va amando a otra por la tierra en flor!   El …

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Cuál sea mejor, amar o aborrecer

Al que ingrato me deja, busco amante; al que amante me sigue, dejo ingrata; constante adoro a quien mi amor maltrata; maltrato a quien mi amor busca constante.   Al que trato de amor, hallo diamante y soy diamante al que de amor me trata; triunfante quiero ver al que me mata y mato a …

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Deseo de venganza

¡Del huracán espíritu potente, rudo como la pena que me agita! ¡Ven, con el tuyo mi furor excita! ¡Ven con tu aliento a enardecer mi mente!   ¡Que zumbe el rayo y con fragor reviente, mientras -cual a hoja seca o flor marchita- tu fuerte soplo al roble precipita. roto y deshecho al bramador torrente! …

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El arroyo

¿Te acuerdas? El arroyo fue la serpiente buena... Fluía triste y triste como un llanto de ciego cuando en las piedras grises donde arraiga la pena como un inmenso lirio se levantó tu ruego.   Mi corazón, la piedra más gris y más serena, despertó en la caricia de la corriente y luego sintió cómo …

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Sonetos Negros

I   Tiene instantes de horribles amarguras la sed de idolatrar que al hombre agita, del Supremo Señor la faz bendita ya no sonríe del cielo en las alturas.   ¡Qué poco logras, Fe, cuando aseguras término a su ansiedad que es infinita y otra vida después, do resucita y halla en un mundo mejor, …

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El sueño

Si el sueño fuera (como dicen) una tregua, un puro reposo de la mente, ¿por qué, si te despiertan bruscamente, sientes que te han robado una fortuna?   ¿Por qué es tan triste madrugar? La hora nos despoja de un don inconcebible, tan íntimo que solo es traducible en un sopor que la vigilia dora …

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